El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó que no cree en el derecho internacional y que su límite es su “propia moralidad”. En este sentido, en una entrevista con The New York Times, Trump expuso sin rodeos su concepción del poder global, afirmando que su autoridad solo se detiene por su “propia mente” y que la fuerza nacional está por encima de tratados y alianzas. Por lo tanto, esto consolida una visión en la que EEUU actúa como árbitro final de sus propias acciones, sin someterse a tratados, convenciones o consensos multilaterales.
Además, Trump defendió la expansión del poder estadounidense y volvió a justificar la captura de Nicolás Maduro, a la que definió como una respuesta frente a una amenaza concreta. De igual manera, aplicó la misma lógica a su ambición sobre Groenlandia, afirmando que “la propiedad es muy importante” y que la propiedad te da cosas y elementos que no puedes conseguir con la simple firma de un documento. En consecuencia, esto refleja una visión en la que el poder nacional es el principal criterio para tomar decisiones en política internacional.
Finalmente, la visión de Trump también se refleja en su enfoque sobre la OTAN y los acuerdos de control nuclear con Rusia. El mandatario cuestionó la solidez de la alianza atlántica sin Estados Unidos como eje central y afirmó que Rusia solo toma en serio a Washington. Por ende, minimizó los riesgos futuros y prometió hacer un acuerdo mejor con Rusia si el actual expira, lo que muestra una visión en la que el poder y la fuerza nacional son los principales factores que guían la política internacional de EEUU.